10 feb. 2009



Me sentí completamente en el desierto.
Caminé cerca de 10km para llegar al caracolero y la verdad, sin ofender a los claromequences, no me pareció nada del otro mundo.
Pero la caminata fue de lo más placentera, estuve en otro mundo (esos momentos son eso: otro mundo, por eso viajo)
Creí experimentar por un rato la vida de los que viven en el desierto. Todo lo que hay alrededor es camino, para donde mires es lo mismo. Arena y sol. Arena y sol. Mucho sol, que era como Dios, te aplastaba el cerebro. El único tamarisco visible quedaba muy cerca, o muy lejos.

Pero la diferencia es que yo tenía al mar. Por suerte, porque Dios me habia empezado a malhumorar.

Me desnudé y refresqué mis ideas.

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